martes, 27 de agosto de 2013

LA MASONERÍA EN PORTUGAL

  LA MASONERÍA EN PORTUGAL
   
En Portugal, la masonería fue apadrinada por las dos grandes potencias masónicas europeas: la Gran Logia de Inglaterra y el Gran Oriente de Francia. Los primeros pasos de una masonería portuguesa independiente se dieron con la formación del Grande Oriente Lusitano en 1804. Esta organización fue el tronco sobre el que se irían formando las primeras subdivisiones masónicas fruto de las divergencias políticas sobre la que se estructurará el proceso de unificación conseguida en 1869 con la constitución del Grande Oriente Lusitano Unido (G.O.L.U.). La formación de un único cuerpo masónico nacional atraerá a este Oriente un importante crédito interior y exterior, que le dotarían de una sobrada regularidad en su quehacer masónico. Su legitimidad internacional le llevaría a participar en 1875 en el Congreso Universal de los Supremos Consejos del Rito Escocés Antiguo y Aceptado, conocido como el Convento de Lausana. Incluso llegaría a ser el encargado de la organización de un congreso masónico internacional para la fecha de 1914, que el estallido de la Gran Guerra no permitió celebrar. Los Orientes españoles, en cambio, debido a su falta de unidad, no llegarían a ser reconocidos por esta organización internacional, condicionando además su grado de legitimidad y regularidad masónicas.
 
António Bernardo da Costa Cabral (Algodres, 1803-Oporto, 1889), primer conde y primer marqués de Tomar, fue diputado, par del Reino, consejero de Estado, ministro de Justicia y Negocios Eclesiásticos y dos veces fue Presidente del Ministerio de Portugal (cargo equivalente al actual Primer-Ministro). Durante su primer mandato en la presidencia del Ministerio, emprendió un ambicioso plan de reforma del Estado, sentando las bases del moderno Estado portugués. Considerado un válido de la reina D. Maria II de Portugal, a pesar de sus orígenes modestas, fue hecho conde de Tomar y después elevado a marqués de Tomar. En 1841, fue designado Gran Maestre de la Masonería portuguesa
         
 

 
No obstante, esta armonía ritual se vería sacudida por la adscripción en 1881 de logias del Rito Simbólico, que se saldaría en 1882 con la primera escisión de la masonería portuguesa y la aparición de la Grande Loja dos Maçons Antigos, Livres e Acceites de Portugal.
La segunda y más importante escisión de la masonería portuguesa tuvo el mismo motivo, las discrepancias y pugnas entre los altos cuerpos de los ritos, en este cado entre el Rito Francés y el Rito Escocés. El origen de esta desunión estuvo en que la nueva normativa modificaba la estructura de su organización, que pasaba de ser una federación de ritos, como hasta entonces había sido, a considerarla como una federación de logias. Se hacían entonces innecesarios los cuerpos masónicos intermedios y se elevaba a la Gran Logia como el principal órgano representativo con las máximas atribuciones. Esto sería considerado como una afrenta al Supremo Consejo y a la autonomía del Rito Escocés, lo que llevaría a éste en 1914 a plantear su existencia en solitario, abandonando la estructura del Oriente portugués, dando como nacimiento al Grémio Luso-Escocés.
Podemos establecer en la masonería portuguesa tres épocas en lo que respecta a su implicación social. La primera época se desarrollaría a la par con la construcción del Estado. Durante la primera mitad del siglo XIX, la masonería actuaría como un instrumento de los principios liberales frente al absolutismo y el movimiento Miguelista; personajes como Saldaña, Passos Manuel o Costa Cabral representan perfectamente a esta época de la masonería portuguesa.
A mediados del siglo XIX, se iniciaría la segunda época, que se prolongaría hasta las décadas finales de ese siglo; definida por un predominio de la concepción ritualista, defendiendo el distanciamiento de la masonería con respecto a la actividad sociopolítica, limitándose a su acción filantrópica y benéfica en el mundo profano. La masonería portuguesa mostraría así un carácter conservador, propio del liberalismo moderado de esos años. Esta línea tendría su mejor representación en el Gran Maestre de la Orden, el Conde de Parati.
A partir de la década de los ochenta del siglo XIX se inicia la tercera época en la masonería portuguesa, que iba a caracterizarse por su mayor participación en la actividad social y política de mano del republicanismo y del Partido Democrático. Durante estos años se expresan las contradicciones entre el librepensamiento y las concepciones teístas propias de la masonería. Se replantean los fundamentos rituales, poniendo en cuestión algunos de los principios iniciáticos.
Extractado de: Ignacio Chato Gonzalo (Universidad de Zaragoza), “Sobre la Masonería en Portugal: una revisión historiográfica”, en J. A. Ferrer Benimeli (coord.), La masonería española en el 2000 una revisión histórica, IX Symposium Internacional de Historia de la Masonería Española, Zaragoza, 2001, vol. I, pp. 109-125.

LA MASONERÍA EN PORTUGAL DE ENTRESIGLOS
 
 
 
Joao Inácio Francisco de Paula de Noronha (1820-1884), II conde de Parati, jefe de la Casa Real portuguesa y Gran Maestre de la Masonería desde octubre de 1869 hasta 1881
      
 

 
La masonería portuguesa, alcanzó desde fechas muy tempranas la unidad institucional, concretada en 1869 con la formación del Grande Oriente Lusitano Unido (GOLU). Ello permitió que fuera admitido en el selecto grupo de los diez Supremos Consejos que formaron la Confederación del Convento de Lausana de 1875, lo que le dotó de un evidente prestigio internacional. A partir de entonces, el Oriente portugués vio aumentado el número de logias españolas que pasaron a estar auspiciadas por el propio GOLU. Pero además, la Orden lusa pasó a convertirse en el principal objetivo de los Orientes españoles, que buscaban en la masonería vecina la puerta de acceso al reconocimiento internacional.
El Grande Oriente Lusitano Unido vivió en el cambio de siglo fuertes tensiones. Frente a las demandas de una mayor implicación sociopolítica de los masones más radicales, los Altos Cuerpos de la Orden trataron de mantener posturas moderadas y conciliatorias. Bernardino Machado, Gran Maestre hasta marzo de 1900, trató de introducir en 1897 un mayor aperturismo social y político. La Gran Logia impidió toda posibilidad de cambio dentro de la Orden, rechazando las propuestas del Gran Maestre de transformar el Oriente portugués en una asociación de tipo político y de desterrar su ingredientes propiamente rituales. Fiel a las antiguas Constituciones de Anderson, reiteró el deber de no intervenir directamente en el mundo profano y, mucho menos, convertirse en un partido político.
         
Sebastião Magalhães Lima (Río de Janeiro, 1850-Lisboa, 1928) Maestro masón del Grande Oriente Lusitano Unido,  republicano, ministro de Estado y senador. Fundó y dirigió los periódicos A República Portuguesa (1873) y O Seculo (1881), y escribió diversas obras: La federación ibérica; Portugal laico y librepensador; El socialismo en Europa
           
A pesar de esta reacción del GOLU contra las tendencias más profanas representadas por Bernardino Machado, en ese mismo año de 1897 era aprobada una nueva constitución que recogía determinadas aspiraciones de los miembros más radicales. Y fue en 1897 cuando el Grande Oriente portugués, a través del Gran Secretario, enviaba una circular a todas las logias haciendo un llamamiento para la intervención política de la masonería, que debía actuar para remediar los males que los sucesivos gobiernos monárquicos estaban generando y que conducían, según afirmaba, a una irremediable intervención extranjera. A Bernardino Machado le sustituyó en la Gran Maestría del GOLU Luis Ferreira de Castro, quien representaba la línea más moderada y ritualista del Oriente. Éste se mantuvo al frente de la Orden hasta 1906, llevando a cabo la tarea de atemperar el imparable avance del radicalismo en la masonería portuguesa.
El vertiginoso incremento del número de afiliados en el Oriente portugués, coincidiría, con la entrada de un espectro social más heterogéneo y menos elitista que el que existía hasta entonces. De esta manera, el Grande Oriente Lusitano Unido, por obra de la facción más radical de los masones portugueses liderados por Magalhâes Lima, se convertía en los años previos a 1910, fecha del advenimiento de la República, en una institución politizada y de tendencia republicana que sirvió de poderoso instrumento.
Extractado de: Ignacio Chato Gonzalo (Universidad de Zaragoza), "El congreso masónico de Lisboa de 1905: republicanismo, iberismo y masonería", en J. A. Ferrer Benimeli (Coord.), La masonería en Madrid y en España del siglo XVIII al XXI, X Symposium Internacional de Historia de la Masonería española, Zaragoza, 2004. vol. I, pp. 509-534.

LA DIVISIÓN DE LA MASONERÍA EN REGULAR E IRREGULAR

   LA DIVISIÓN DE LA MASONERÍA EN REGULAR E IRREGULAR
  
   Durante el siglo XVIII la masonería fue condenada en distintas ocasiones por el papado. Sin embargo, y a diferencia de lo que sucediera en España, Portugal o los Estados Pontificios, estas condenas no fueron promulgadas inmediatamente ni en Francia, ni en Inglaterra, ni en Alemania, ni en Austria, ni en sus estados vasallos. Ello permitió que en las logias establecidas en los territorios de estos países conviviesen católicos con protestantes, e incluso se registrase en las mismas la presencia de religiosos y sacerdotes. Las regiones que componen la actual Bélgica disfrutaron de esta situación, hasta que en 1837 el arzobispo Sterck y sus obispos sufragáneos enviaron a todos los párrocos de su dependencia una circular haciendo públicas las excomuniones contra la masonería. El conocimiento del documento episcopal, obligó a muchos, como el fundador de la Universidad Libre de Bruselas, T. Verhaegen, a separarse de la Iglesia. Ello condujo a una clara politización y a una toma de postura anticlerical, e incluso antirreligiosa, del Gran Oriente de Bélgica. En consecuencia con estos hechos, en 1854 suprimió el artículo 135 de sus estatutos, que prohibía las discusiones políticas y religiosas en logia, y en 1872 el artículo 12, que obligaba a creer en Gran Arquitecto del Universo y en la inmortalidad del alma.
   La conducta del Gran Oriente de Bélgica fue seguida años más tarde por el Gran Oriente de Francia. Además, la política de Napoleón III, favorable a la unificación italiana, y las posturas antiliberales de la encíclica Cuanta Cura y del Syllabus aumentaron en los masones franceses su rechazo de lo católico y estimularon las iniciaciones de agnósticos y ateos. Finalmente, en 1877, cinco años más tarde que su homónimo belga, el Gran Oriente de Francia eliminó también de sus estatutos la obligación de creer en el Gran Arquitecto del Universo, en la inmortalidad del alma y prestar juramento sobre un libro sagrado. 
   Las determinaciones tomadas por los Grandes Orientes belga y francés ocasionaron en los medios masónicos anglosajones un verdadero escándalo de modo que la Gran Logia de Inglaterra rompió todos los lazos con aquellas familias masónicas continentales.
         
Misión fraternal de la Masonería
       

 
   A partir de entonces se estableció una nueva y trascendental división en la masonería universal, pasando en adelante el conjunto de obediencias a denominarse «regulares» o «irregulares». Las primeras, englobadas en lo que ha venido conociéndose como dependientes de la masonería anglo-sajona, se caracterizaban por mantenerse dentro de la más estricta ortodoxia andersoniana, por prohibir rigurosamente hablar en las logias de temas políticos y religiosos y por admitir en su seno sólo a varones que creen en Dios y en la inmortalidad del alma. Esta masonería "regular", representada principalmente por la Gran Logia de Inglaterra, tiene una presencia mayoritaria en países anglosajones y cuenta también con importantes asentamientos en países latinos.
   Las segundas o "irregulares", seguidoras con mayores o menores matices de los ejemplos belga y francés, denominada también inexactamente masonería latina, se caracterizaron por permitir en sus templos el debate político (no necesariamente partidista) y religioso y, por iniciar y afiliar agnósticos y ateos. Dentro de la masonería irregular se situaron también aquellas obediencias que dieron entrada a la mujer en los trabajos de logia. La compleja situación creada por el nacimiento de las obediencias irregulares, ha perdurado hasta nuestros días. Incluso la Gran Logia de Inglaterra, sólo se ha limitado a exigir la ortodoxia formal de las obediencias que auspicia y ha cerrado los ojos, con demasiada frecuencia, a las realidades socio-ideológicas de las mismas. Dicha corruptela ha dado lugar a que muchas obediencias, tenidas oficialmente por regulares (especialmente establecidas en países de la Europa Meridional y de Iberoamérica), estén impregnadas de un espíritu anticlerical y laicista, contrario, sin duda, a la neutralidad político-religiosa exigida por las Constituciones de Anderson. 
   Como resultado de todo ello, en la actualidad coexisten en cada país ramas masónicas (Grandes Orientes y Grandes Logias), de talantes ideológicos muy distintos. Así, al lado de familias masónicas de corte tradicionalista conviven las radicalmente racionalistas y librepensadoras.
   En el ámbito latino la Association Maçonnique International, fundada en 1921, entre obediencias de distintos países durante la Primera Guerra Mundial, hizo pública la siguiente declaración: «La Francmasonería, institución tradicional filantrópica y progresiva, basada en la aceptación del principio de que todos los hombres son hermanos, tiene por objeto la búsqueda de la verdad, el estudio y la práctica de la moral y de la solidaridad. La Francmasonería trabaja en el mejoramiento material y moral, así como en el perfeccionamiento intelectual y social de la humanidad. Tiene por principio la tolerancia mutua, el respeto a los demás y a uno mismo, la libertad de conciencia. Tiene como deber extender a todos los miembros de la Humanidad los vínculos fraternales que unen a los Francmasones en toda la superficie del globo».
   A pesar de sus pretensiones conciliatorias esta declaración fue rechazada por los masones ingleses porque no existía ninguna referencia al Gran Arquitecto del Universo. El 4 de septiembre de 1929 la Gran Logia de Inglaterra dirigió a todas las obediencias vinculadas con ella una memoria concretando las condiciones imprescindibles para el reconocimiento masónico en los ocho puntos siguientes:
1.     Regularidad de origen, es decir, cada Gran Logia legalmente establecida por una Gran Logia reconocida, o al menos por tres logias regularmente constituidas.
2.     La creencia en el Gran Arquitecto del Universo y en su Voluntad Revelada es una condición esencial para la admisión de cada miembro.
3.     Todos los iniciados aceptan su Obligación sobre, o en presencia, de un Volumen abierto de Lay Santa; lo que significa que la Revelación de lo Alto ata la conciencia de aquel que se inicia.
4.     Los Miembros de la Gran Logia y de las Logias individuales deben componerse de hombres exclusivamente; y cada Gran Logia no mantendrá relación alguna con las logias mixtas o de los organismos que admiten a mujeres como miembros.
5.     La Gran Logia tendrá poderes de jurisdicción soberanos sobre las Logia bajo su control.
6.     Las Tres Grandes Luces de la Franc-Masonería: el Volumen de la Ley Santa, la Escuadra y el Compás, estarán siempre expuestos durante los Trabajos de la Gran Logia y de las Logias de su obediencia. La más importante de las tres es el volumen de la Ley Santa.
7.     Toda discusión religiosa o política está absolutamente prohibida en el interior de las Logias.
8.     Los principios de los antiguos Reglamentos, Usos y Costumbres de la Franc-Masonería serán estrictamente observados.
   El Gran Oriente de Francia y otras ramas irregulares no admitieron las declaraciones de la obediencia inglesa. Ello no impide, sin embargo, que el espíritu masónico tenga una profunda unidad. Incluso puede hablarse de un conjunto de características institucionales comunes a todas las familias masónicas que permiten identificarlas.
   En síntesis puede afirmarse que la masonería es una asociación humanista y fraternal, que tiene como meta inmediata el perfeccionamiento intelectual y moral de sus miembros y como objetivo último la solidaridad del género humano. Se sostiene en el principio de tolerancia y se declara institucionalmente ajena a todo interés de confesión religiosa, escuela filosófica o partido político. Está dotada de una inconfundible vocación universalista, luchando contra los prejuicios de todo tipo que dividen y separan a los hombres. Por último posee un carácter eminentemente iniciático, diferenciándose así de otras instituciones exclusivamente filantrópicas o culturales, e imparte sus enseñanzas a través de un peculiar lenguaje simbólico heredado, fundamentalmente, de los constructores medievales.

CÓDIGO MASÓNICO (1916)


  CÓDIGO MASÓNICO (1916)
 Zaragoza, 5 de febrero de 1916
 
       “Adora al Gran Arquitecto del Universo.
       El verdadero culto que se da al Gran Arquitecto consiste en las buenas obras.
       Ten siempre tu alma en un estado puro para comparecer dignamente delante de tu conciencia.
       Ama a tu prójimo como a ti mismo.
       No hagas mal para esperar bien.
       Haz bien por amor al mismo bien.
       Estima a los buenos, ama a los débiles, huye de los malos, pero no odies a nadie.
       No lisonjees a tu hermano, pues es una traición; y si tu hermano te lisonjea, teme que te corrompa.
        Escucha siempre la voz de tu conciencia.
       Sé el padre de los pobres; los suspiros que tu dureza les arranque, son otras tantas maldiciones que caerán sobre tu cabeza.
       Respeta al viajero nacional o extranjero; ayúdale, su persona es sagrada para ti.
        Evita las querellas, prevé los insultos, deja que la razón quede siempre de tu lado.
       Parte con el hambriento tu pan, y a los pobres y peregrinos mételos en tu casa; cuando vieses al desnudo, cúbrelo y no desprecies tu carne en la suya.
        No seas ligero en airarte, porque la ira reposa en el seno del necio.
       Detesta la avaricia, porque quien ama las riquezas ningún fruto sacará de ellas, y esto también es vanidad.
        Huye de los impíos, porque su casa será arrasada, más las tiendas de los justos florecerán.
        En la senda del honor y de la justicia está la vida, mas el camino extraviado conduce a la muerte.
        El corazón de los sabios está donde se practica la virtud, y el corazón de los necios, donde se festeja la vanidad.
        Respeta a las mujeres, no abuses jamás de su debilidad y mucho menos pienses en deshonrarlas.
        Si tienes un hijo, regocíjate; pero tiembla del depósito que se te confía. Haz que hasta los diez años te tema, hasta los veinte te ame y hasta la muerte te respete. Hasta los diez años sé su maestro, hasta los veinte su padre y hasta la muerte su amigo. Piensa en darle buenos principios antes que bellas maneras; que te deba rectitud esclarecida y no frívola elegancia. Haz un hombre honesto antes que un hombre hábil.
        Si te avergüenzas de tu destino, tienes orgullo; piensa que aquél ni te honra ni te degrada; el modo con que cumplas te hará uno u otro.
       Lee y aprovecha, ve e imita, reflexiona y trabaja, ocúpate siempre en el bien de tus hermanos y trabajarás para ti mismo.
        Conténtate de todo, por todo y con todo.
       No juzgues ligeramente las acciones de los hombres, no reproches y menos alabes; antes procura sondear bien los corazones para apreciar sus obras.
       Sé entre los profanos libre sin licencia, grande sin orgullo, humilde sin bajeza; y entre los hermanos, firme sin ser tenaz, severo sin ser inflexible y sumiso sin ser servil.
        Habla moderadamente con los grandes, prudentemente con tus iguales, sinceramente con tus amigos, dulcemente con los pequeños y eternamente con los pobres.
        Justo y valeroso defenderás al oprimido, protegerás la inocencia, sin reparar en nada de los servicios que prestares.
       Exacto apreciador de los hombres y de las cosas, no atenderás más que al mérito personal, sean cuales fueren el rango, el estado y la fortuna.
       El día que se generalicen estas máximas entre los hombres, la especie humana será feliz, y la masonería habrá terminado su tarea y cantado su triunfo regenerador”.

INFORMACIÓN PARA QUIENES PRETENDEN ENTRAR EN LA MASONERÍA

INFORMACIÓN PARA QUIENES PRETENDEN ENTRAR EN LA MASONERÍA
   
     
“Deseando la Sociedad Masónica que todo el que manifieste interés en pertenecer a ella se libre del riesgo de sufrir un desengaño, y queriendo dar en tiempo oportuno una prueba de su buena fe, considera justo facilitar a los aspirantes ideas exactas, tanto para que se instruyan en el verdadero objeto de la Sociedad, cuanto para que desechen esas vulgaridades que por ignorancia o por maledicencia corren de boca en boca y hacen formar de ella erróneos y ridículos conceptos […].
La masonería tiene por misión combatir la ignorancia bajo todas sus formas, constituyendo una escuela de enseñanza mutua, cuyo programa se encierra en los siguientes lemas: Obedecer las leyes del país; vivir honradamente, practicar la justicia, amar a sus semejantes y trabajar sin descanso por la felicidad humana y su progresiva y práctica emancipación.
La masonería no se propone satisfacer ningún interés mezquino; ninguna mira egoísta; su objeto es altamente noble, su misión exclusivamente humanitaria. Ella trabaja por alcanzar la posible perfectibilidad y para fomentar la caridad y la filantropía entre los hombres de todas las clases y condiciones, cualesquiera que sean sus principios políticos o sus creencias religiosas. Pretender el ingreso en esta asociación por intereses privados o por objetos particulares, sería un absurdo, y un fracaso para el que lo efectuare sin la abnegación que, como toda sociedad que sólo se dedica al bien por ello bien mismo, demanda la masonería.
La masonería tiene secretos y juramentos que no deben quebrantarse: pero ni unos ni otros se oponen en lo más mínimo a la religión, a las leyes ni a la moral.
El aspirante que intentare su incorporación por curiosidad, no conseguirá su objeto porque los misterios en que está envuelta la masonería, se van comunicando por grados que se confieren, después de muchas pruebas de fidelidad, al que más lo merece y menos lo solicita. El que se liga con juramento y lo quebranta, no infiere daño alguno a la sociedad; el mal recae solamente en el que no ha tenido bastante constancia para cumplir el deber que voluntariamente se impuso.
La masonería no exige de sus miembros la abjuración de sus principios religiosos, bástale saber que practican la más pura moral y no impone violentamente sus creencias.
De este modo la masonería es el centro de unión de todos los hombres de buena voluntad y el lazo que estrecha en cariñosa amistad y fraternal abrazo a quienes, de otro modo, por sus preocupaciones y errores, quedarían separados para siempre.
La masonería no necesita poderosos; pero tampoco admite en su seno personas que no tengan una ciencia, arte, oficio o renta con que poder atender a las necesidades de su familia, y sin menoscabar estos primeros deberes, un sobrante para coadyuvar los fines altruistas que practica la masonería, así como algún tiempo para su asistencia a las reuniones o para el desempeño de las comisiones que pudieran encomendársele, no pudiendo negarse a ello sin legítima causa justificada.
En los templos masónicos, donde se rinde culto a la fraternidad universal, no pueden admitir discordias, pleitos ni riñas entre sus miembros: toda diferencia debe arreglarse entre ellos fraternalmente. El que intente ingresar en la orden, debe estar dispuesto a llevar a la práctica estos principios extirpando de su corazón todo sentimiento de animosidad o prevención contra cualquiera de sus hermanos.
El que aspire a afiliarse en la masonería debe ser honrado, social, política y moralmente considerado. Fiel a sus superiores, amigo de sus iguales y padre de sus inferiores. Deben huir del juego, de la embriaguez, de la usura, de las deudas y de todos los vicios, prestando a sus hermanos cuantos socorros les permitan las circunstancias […]”. 

martes, 20 de agosto de 2013

ESTATUTOS GENERALES DE LA MASONERÍA (Nueva York, 1826)

ESTATUTOS GENERALES DE LA MASONERÍA (Nueva York, 1826)

 Sección I
“1º La moral y la Filosofía forman la base de la institución masónica, no serán recibidos Masones sino hombres escogidos.
2º Por consecuencia todo aspirante deberá haber recibido una educación liberal y ejercer una profesión decorosa; porque la educación que instruye, y aun induce al conocimiento del bien y del mal, desenvuelve los sentimientos nobles, y tanto por amor propio como por virtud, hace preferir en todos casos lo que es decoroso y justo, y porque un ejercicio honroso produce la propia satisfacción, sostiene el carácter, y no pone a la merced del que lo emplea al hombre obligado a trabajar para subsistir.
                  
       
Bajo la divisa "Desde la oscuridad a la Luz" y el ojo de Dios,  se muestran las  diversos aspectos educativos de la Masonería que comienzan con la regeneración del hombre a través de su iniciación en la Orden y acceso a la Maestría

 
3º El aspirante deberá, pues, ser de costumbres irreprehensibles, de una probidad escrupulosa, de un carácter conciliador y apacible, y de una discreción a toda prueba; deberá amar a sus semejantes, a su país, a las leyes y a la Divinidad.
4º Recibido Masón será en la Sociedad profana, libre sin licencia, grande sin orgullo, humilde sin bajeza; en la sociedad masónica, firme sin ser porfiado, sereno sin ser inflexible, sometido sin ser servil, siempre justo y valeroso defenderá al oprimido, protegerá la inocencia, no se jactará jamás de los beneficios y servicios que ha hecho.
5º Justo apreciador de los hombres y de las cosas, no verá sino el mérito personal, cualquiera que sea por otra parte el rango, el estado y la fortuna. Igual en su conducta, libre y constante en sus principios, jamás se desviará del camino de la verdad. 
Sección II
Concerniente a Dios y a la Religión
6º El Masón no hace consistir la Religión en los ritos, ni en los dogmas sino en la moral y en la práctica del bien. Persuadido que el Gran Arquitecto del Universo no ha creado los humanos sino para amarse y socorrerse mutuamente, y que llenar estas dos obligaciones es satisfacer a la ley que le impone la Majestad Divina, hace consistir todo su culto religioso en estas dos máximas: «Haz a tus semejantes lo que quisieras que hiciesen contigo mismo; no hagas a otro lo que tú no quieras que te hiciesen».
7º Si alguno por amor a las ciencias, por envidia, o por curiosidad, deseare ser recibido Masón, debe desde luego informarse como fundamento y piedra angular de todo, si cree en el poder de Dios, y si tiene por él todo el respeto que le es debido como Gran Arquitecto y Poderoso motor de este vasto Universo.
8º Un Masón es obligado a obedecer la ley moral; y si entiende bien el arte Real, no puede caer en las trazas irregulares de un desgraciado libertino, o de un estúpido ateo; ni de ninguna manera obrar contra esta luz interior y secreta de su propia conciencia.
9º Haciendo buen uso de su razón; y en virtud de este acto por el cual un Masón es declarado libre, practicará los puntos más esenciales de la Religión sobre los cuales todos los hombres darán a cada uno su opinión particular, lo mismo que sus formas y las diversas modificaciones; de donde se sigue que todo Masón debe ser bueno, honesto, sincero y fiel; y que en cualquiera parte que pueda hallarse entre ello por la diferencia de secta, y la creencia religiosa, debe seguir en todo tiempo el precioso precepto de obrar con los otros hombres, como él quisiera que ellos obraran con él.
10º Pues que así como los Masones deben por su juramento seguir los más sublimes preceptos, la Masonería se ha hecho el centro de la unión entre Hermanos, y el feliz medio de conciliar y cimentar en un cuerpo a aquellos que de otro modo existirían en una perpetua distancia; por consecuencia, la Masonería aumenta en lugar de disminuir la fuerza de las obligaciones que imponen la religión y la amistad.
11º El verdadero Masón es el hijo de la naturaleza, él declara que si existe para él alguna verdad sentimental, es la de la existencia de un ser autor de todas las cosas; que conoce la necesidad de honrar este ser, cuya admisión es el sistema más consolador, el más propio para engrandecer el alma y transportarla hasta la exaltación de las virtudes.
12º Él huye de toda especie de fanatismo religioso, y de la intolerancia política; sabe que es la fuerza de la razón y no por la vacilante opinión que los hombres deben conducirse, y que las virtudes solamente les distinguen; se somete a las leyes del país que habita; en cualquier lugar que se encuentre, tiene ante sus ojos el deber de reconocimiento al lugar que le abriga, y que nada puede dispensarlos de vivir allí como hombre pacífico.
En fin debe poseer un arte o talentos que le hagan útil a sí mismo y a sus semejantes.  
 
Sección III
Deberes acerca de los Magistrados Civiles 
13º Cualquiera que quiera ser buen Masón debe saber que los lazos de las obligaciones que él ha contratado como súbdito y como ciudadano, lejos de ser relajados por su admisión, son más fuertemente constreñidos, y debe amar la paz, la tranquilidad, manifestando la obediencia a los poderes civiles, bajo la protección de los cuales vive, como establecidos en los lugares donde reside y trabaja, sin traspasar los límites de la razón y de la religión.
14º Un verdadero Masón no puede mezclarse en ninguna conjura contra el estado, ni faltar al respeto que debe a los Magistrados, porque la felicidad de su patria debe ser su primer cuidado.
15º Si algún Hermano por un olvido de sus deberes y obligaciones que le imponen el Arte Real, y por una consecuencia de su abandono a los malos consejos cayese en muy grande error, será privado por ello de todos los beneficios de la Logia, y los Hermanos deben abstenerse de las asociaciones y conversación con él en particular, en tanto persista en sus deseos criminales; en fin, su conducta debe ser tal que no dé motivo de sospecha al poder legislativo…”. 

¿QUÉ ES LA MASONERÍA?

¿QUÉ ES LA MASONERÍA?

  La masonería no es un partido político, ni un sindicato, tampoco, es un religión, ni una secta, y ni una sociedad secreta, aunque, naturalmente, tenga sus secretos como cualquier otra institución. La masonería tampoco es una doctrina filosófica. En el mejor de los casos no pasarían de ser meras reflexiones personales, como en su día hicieron masones, como Lessing, Fichte, Herder, Goethe o Krause. Una cosa es que haya habido masones filósofos o masones eclesiásticos, y otra, que la masonería como institución se quiera confundir con una religión o una filosofía. La masonería es un cuerpo que intenta unir a los hombres en torno a valores comunes de tolerancia y fraternidad.
Bajo la inspiración de Dios (Delta sagrado), entre las columnas J y B, y desde el trono del rey Salomón la Masonería, inspira los elevados ideales de Salud, Fuerza, Unión; Libertad, Igualdad, Fraternidad entre todos los pueblos del Orbe
         
   La propia Gran Logia de Inglaterra, en varias ocasiones, ha tenido que salir al paso de falsas interpretaciones. Así, en 1950, en carta dirigida a la Gran Logia de Uruguay se expresó diciendo que la masonería no es un movimiento filosófico que admita toda orientación y opinión. La verdadera masonería —añadirían— es una práctica ritualizada «para conservar y extender la creencia en la existencia de Dios, para ayudar a los masones a regular su vida y su conducta en los principios de su propia religión, cualquiera que ésta sea: cristianismo, budismo, islamismo; pero ésta debe ser una religión que tenga un libro sagrado sobre el cual pueda el iniciado prestar juramento».
  Por supuesto, tampoco tiene nada que ver con toda esa serie de leyendas con que se le ha rodeado, y donde el solo nombre de masón evoca misas negras, profanación de hostias, asesinatos de niños, culto a Satanás, venganzas sangrientas… y todo un cúmulo de fábulas que han llegado a cobrar consistencia y ser creidazas por obra de educadores, cuya ignorancia sobre el tema no les ha impedido el deformar sistemáticamente que ha sido fomentada por intereses político-religiosos y de ciertas ideologías necesitadas de prefabricar conspiraciones y contubernios «judeo-masónicos». Las sociedades del orden que sean, religiosas, políticas, profesionales, económicas o comerciales, observaban antaño un ritual durante sus reuniones; tenían símbolos, programas y palabras de orden o contraseñas. Asociaciones semejantes se formaron en todos los cuerpos de oficios.
  Pocos gremios del Medievo han tenido tanto influjo y repercusión en la historia posterior como el de construcciones. La logia era una oficina de trabajo provista de mesas o tableros de dibujo, en la que había un suelo de yeso para trazar los detalles e la obra. Desde el punto de vista administrativo, la logia era también un tribunal, bajo la autoridad del maestro albañil, quien mantenía la disciplina. Allí donde se acometían obras de alguna importancia se construyeron logias, y a su alrededor habitaciones convertidas en colonias o conventos, ya que los trabajos de edificación duraban varios años. La vida de estos trabajadores estaba reglamentada por estatutos, cuyo fin principal era lograr una concordia completamente fraternal, porque para realizar una gran obra era indispensable que convergiera la acción de las fuerzas unidas.
  Como todos los gremios medievales, también los albañiles tenían sus Patronos protectores, que eran honrados con solemnes fiestas. Estos eran los dos San Juan, el Bautista y el Evangelista, más conocidos con el nombre de San Juan de verano y San Juan de invierno, y en especial los Cuatro Santos Coronados. Así, por ejemplo, los Estatutos de Ratisbona de 1559 comienzan de esta forma: «En el nombre del Padre, del Hijo, del Espíritu Santo, de la bienaventurada Virgen María, así como de sus Bienaventurados Siervos, los Cuatro Santos Coronados, a su memoria eterna».
  En Inglaterra, en 1350, aparece por vez primera la denominación de Francmasón o de free-stone-mason, es decir, el albañil que trabaja la piedra de adorno, para distinguirlo del rough-mason, trabajador tosco, comúnmente aplicado a los canteros ingleses. Se encuentra en un Acta del Parlamento, correspondiente al año veinticinco del reinado de Eduardo III. No obstante el término de franquicia, freedom, para algunos autores tendría relación con la exención o liberación de los albañiles de las grandes construcciones, respecto de las corporaciones de las ciudades en las que vivían. Y estos grupos de masones itinerantes defendían con gran empeño su unión y sus franquicias o exenciones, no queriendo depender en modo alguno de las corporaciones locales, lo que hoy día llamaríamos la autonomía sindical.
  El paso de la masonería medieval de los constructores de catedrales (masonería operativa), a la masonería moderna (masonería especulativa) puede seguirse a través de una serie de documentos que permiten apreciar la transición. Estos se encuentran, sobre todo, en la famosa Gran Logia de Edimburgo, que tenía sus reuniones en la St. Mary Chapel. Precisamente la St. Mary Chapel Lodge de Edimburgo ha conservado sus archivos completos desde 1599. Estos archivos nos permiten constatar que a lo largo del siglo XVII, aparecen, al lado de los verdaderos operarios que trabajan la piedra, otros personajes que ejercían una profesión totalmente diferente: abogados, mercaderes, cirujanos, etc., a título de accepted masons o miembros honorarios, más conocidos con el nombre de «masones aceptados». Solía tratarse de aquellos personajes de la alta sociedad que patrocinaban los gremios, y les prestaban ayuda. Por otra parte la aparición de las Academias de Arquitectura quitó razón de ser al sistema gremial de aprendizaje de la construcción. Al cesar, la edificación de las grandes catedrales, las hermandades y logias masónicas fueron paulatinamente quedando en manos de los miembros adoptivos, o de los francmasones adoptados; que tomó cuerpo a partir de 1717, y en especial con las Constituciones de Anderson en 1723. El período de transición abarca fundamentalmente de 1660 a 1716, época de trastornos civiles, y que había concentrado en Inglaterra a la mayor parte de los masones operativos europeos a fin de reconstruir la ciudad de Londres, prácticamente destruida a raíz del incendio de 1666.
  La redacción de dichas constituciones corrió a cargo de dos pastores protestantes: John Th. Desaguliers y James Anderson. La primera edición apareció en 1723. De una forma simbólica se hace constar en ellas que en adelante ya no será la catedral un templo de piedra a construir, sino que el edificio que habrá de levantarse en honor y gloria del Gran Arquitecto del Universo será la misma Humanidad. El trabajo sobre la piedra bruta destinada a convertirse en cúbica; es decir, apta a las exigencias constructivas, será el hombre, quien habrá de irse puliendo en contacto con sus semejantes. Cada útil o herramienta recibirá un sentido simbólico: la escuadra, para regular las acciones; el compás, para mantenerse en los límites con todos los hombres. El delantal, símbolo del trabajo, que con su blancura indica el candor de las costumbres y la igualdad; los guantes blancos, que recuerdan al francmasón que no debe jamás mancharse las manos con la iniquidad; finalmente la Biblia, para regular o gobernar la fe.
    La masonería proporcionaba un lugar de encuentro de hombres interesados por el humanismo como fraternidad, por encima de las separaciones y de las oposiciones sectarias que tantos sufrimientos habían acarreado a Europa la Reforma, por una parte, y la Contrarreforma, por otra. Les animaba el deseo de encontrarse en una atmósfera de tolerancia y fraternidad. El artículo fundamental de las Constituciones de 1723 lo subraya claramente al exigir a todo masón la creencia en Dios como medio de conciliar una verdadera amistad entre sus miembros. Otro artículo precisa que ningún ataque o disputa serán permitidos en le interior de la logia, y mucho menos las polémicas relativas a la religión o a la situación política. De hecho son pocos los artículos, pero todos ellos son claros, precisos e inspirados en los más nobles sentimientos de fraternidad y de honor. Se inculca la práctica de la virtud por el sentimiento del deber, no por la esperanza de premios o por el temor de castigos. Y como nota digna de destacarse en aquella época, no se hace distinción ni de clases ni de creencias políticas o religiosas. Es curioso observar que fuera en las logias de masones donde precisamente se establecieron normas donde la tolerancia religiosa permitía la convivencia de católicos y protestantes, precisamente en una nación donde los católicos eran duramente perseguidos.
   Tanto la Masonería reflejada en sus propias Constituciones, como la que resulta de los informes de la policía de diversos países o los de la Inquisición, viene a ser una asociación basada en una cierta mística ritualista, tomada en gran parte de sus tradiciones medievales, que respetaba y armonizaba a todas las religiones monoteístas, actitud que suponía la tolerancia religiosa que en aquella época era sinónimo de herejía, y en la que los masones se encontraban dentro de un ambiente social en el que se borraban las diferencias de clases, fortuna y religión, y en el que dentro de un espíritu de fraternidad e igualdad podían dar cauce a la filantropía. La unanimidad de noticias, informes, publicaciones, correspondencias, etc. a lo largo de todo el siglo XVIII, provengan del país que sea, resulta tan reveladora como sus propias Constituciones. La Masonería aparece como una reunión, por encima de las divisiones políticas y religiosas del momento, de hombres que creían en Dios, que respetaban la moral natural, y que querían conocerse, ayudarse y trabajar juntos a pesar de la diferencia de rango social, y de la diversidad de sus creencias religiosas, y de su filiación a confesiones o partidos.
    El denominador común de la Masonería del siglo XVIII, en países tan dispares como Austria, Italia, Portugal, Suiza, Francia, Holanda, Bélgica, Alemania, Suecia, México, Inglaterra, Perú, etc., es el de una asociación admiradora de la armonía de la naturaleza, obra del Gran Arquitecto del Universo, y propagadora de la amistad universal entre los hombres que permitía a cada uno encontrar en las logias su bienestar, gracias a la tolerancia de los demás.
     Además, el secreto (que procedía de la necesidad de conservar cuidadosamente las fórmulas arquitectónicas de la Edad Media), sus ceremonias, su gusto por lo simbólico y litúrgico, dotaba a la masonería de un incentivo místico que ejercía un poderoso atractivo que hizo que fuera masiva la afluencia a las logias de católicos y de eclesiásticos. Así se explica no sólo la presencia de sacerdotes en la mayor parte de las logias europeas, en las que figuran obispos, abades, canónigos, teólogos y toda clase de sacerdotes y religiosos, sino la existencia de logias integradas únicamente por sacerdotes y religiosos.

LA MASONERÍA EN FRANCIA

  HISTORIA DE LA MASONERÍA EN FRANCIA
 
Fundada el 24 de junio de 1717, la Gran Logia de Londres se extiende rápidamente por Europa y ocho años después, tres emigrantes británicos partidarios de los Estuardos: el nieto natural de Carlos II de Inglaterra, Lord Derwentwater, el baronet escocés Mac Leane y el irlandés Heguerty, crean en París la logia de Santo Tomás del Luis del Plata, reconocida en 1732 por la Gran Logia de Inglaterra. Cuatro años más tarde, ya hay cuatro logias en París y resulta elegido Gran Maestre de Francia Lord Derwentwater.
El Orador de la orden era el caballero Ramsay, que en un célebre discurso esboza el programa y los objetivos de la misma. La alta sociedad parisiense comienza a interesarse por la institución, pero el primer ministro, cardenal Fleury, encomienda una investigación a la policía a consecuencia de la cual se prohíbe a Ramsay hacer propaganda de la orden justo cuando éste se aprestaba a iniciar al rey Luis XV. La policía clausura la logia en julio de 1737. Se consulta al Parlamento la posibilidad de suspender por decreto a la masonería, pero éste no lo cree conveniente al figurar en ella elementos jansenistas y numerosos duques y pares del reino.
 
Louis de Borbón-Condé, conde de Clermont, Gran Maestro de la masonería francesa desde 1743 a 1771
         
     
En 1738, a Lord Derwentwater le sucede en el cargo un familiar del rey, el duque de Antin. A la muerte de Antin en 1743, compiten por el puesto el príncipe de Conti, el mariscal de Saxe y un primo del rey, Luis de Borbón-Condé, conde de Clermont, siendo elegido el último. Luis de Borbón-Condé ocupará la presidencia hasta su fallecimiento el 16 de junio de 1771.
Esta francmasonería francesa conservará la posición primitiva de las columnas; J en el septentrión (norte) y B en el medio día (sur) y el puesto de los vigilantes; también conservaría la batería en “dos golpes rápidos y uno lento”, “el paso de entrada” (al taller) con el pie derecho lo mismo que la mayor parte de las fórmulas que caracterizan –paradójicamente bajo el nombre de “ritos modernos” – las prácticas más antiguas y conocidas. Sin embargo, se introduce el uso de la espada, se crea una iconografía propia para el tapete (especialmente con piedras brutas y talladas y los lazos de amor, tal cual se conocen actualmente y finalmente introduce innovaciones fundamentales en la ceremonia de recepción como el Gabinete de reflexión, los viajes y pruebas a través de los elementos, etc.
A partir de 1740, las logias proliferan por toda Francia. Pronto se advierten dos tendencias: una de inspiración inglesa, acorde con la filosofía del siglo, y otra exaltadora del sentimiento frente al racionalismo volteriano. A partir de 1760, se registra la influencia del misticismo germánico de la masonería templaria de la estricta Observancia cuyas aportaciones son clarificadas por el lionés Willermoz en 1778.
       
El Gran Maestro Louis Philippe Joseph de Orleans, duque de Orleans y de Chartres, futuro «Felipe Igualdad», fundador y Gran Maestro del Gran Oriente de Francia en 1773
 
       

 
Tras la muerte de Clermont, es elegido como Gran Maestre Louis Philippe Joseph d´Orleans, duque de Orleans y de Chartres, el futuro «Felipe Igualdad», asistido por el duque de Montmorency-Luxembourg como administrador general. Este es el verdadero fundador del Gran Oriente. La alta nobleza, se interesa de nuevo en la Masonería. El 1 de septiembre de 1773 nace el Gran Oriente de Francia. Parte de los maestros de París no lo aceptan y fundan el Oriente de Clermont, que durará seis años hasta que se una el Gran Oriente.
Protegida por Luis XVIII, el rey Carlos X, aunque fue iniciado en la masonería por el Gran Maestre Duque de Orleans en 1778, receló de ella. La mayor parte de los masones profesaban el liberalismo. Avivado el conflicto entre la Iglesia y el liberalismo durante la Restauración, la gran mayoría de los masones era hostil al partido «sacerdotal» que defendía Carlos X.
La reorganización de la francmasonería francesa permitió precisar el corpus ritual y administrativo del rito francés practicado desde los albores del siglo XVIII, cuya codificación se determinó en 1790 y se imprimió en 1801 con el título de El Regulador del francmasón.
En vísperas de revolución, disponía el Gran Oriente de 629 logias. El Oriente de Clermont tenía 376 logias.
         
De la Revolución a la Tercera República
Hoy en día sabemos que no existió un “complot masónico” que originara la Revolución, pero en cambio se reconoce la influencia de numerosos francmasones en los hechos revolucionarios y que los debates en las logias fueron determinantes. La huella masónica en la Revolución francesa puede percibirse en muchos signos simbólicos adoptados por las nuevas instituciones. Recordemos además, que la composición musical creada por el hermano Rouget de Lisle se convirtió en el himno nacional. Sin embargo, a partir de 1791, la masonería se desintegra y apenas subsisten logias masónicas bajo el Terror. Entre 1793 y 1796, el Gran Oriente de Francia tuvo que ponerse casi totalmente en suspenso, lo que obligó a los francmasones a retractarse o a sufrir el Régimen de Terror. Por eso, muchos hermanos percibieron el Consulado y el Imperio, como una continuidad de la Revolución, período glorioso para la masonería que se vio favorecida, pero también utilizada por Napoleón; se calcula que de los 24 mariscales del Imperio, 17 eran masones. También eran masones numerosos prefectos, funcionarios y representantes de las élites culturales y económicas. Cambacérès, redactor del código civil, fue uno de sus más ilustres dignatarios. A raíz de la expedición de Bonaparte a Egipto nacieron los ritos “egipcios”, denominados luego de Menmphis-Misraïm.
"La libertad o la muerte", óleo del masón Jean Baptiste Regnault (1795)


         
     
Mediante el Concordato de unión firmado el 21 de mayo de 1799 se restablece la unidad fusionando el Gran Oriente y el Oriente de Clermont. Una fracción de masones escoceses que habían quedado fuera del Gran Oriente, bajo el impulso de la logia San Alejandro de Escocia y del conde de Grasse-Tilly, fundará en 1804 una Gran Logia general escocesa cuyo Gran Maestre será un Bonaparte, Luis, futuro rey de Holanda. Llegado a Emperador, Napoleón, ordenó unirse a la nueva obediencia escocesa al Gran Oriente, lo que se realizó el 3 de diciembre de 1804.
Con la protección de Napoleón, la masonería tuvo un notable auge durante el Imperio. Se convirtió en una auténtica sociedad de ayuda mutua para los oficiales y soldados que a ella se adhirieran. Compuesta sobre todo de soldados y funcionarios, controlada por el Emperador y bajo la férula de su hermano José, Gran Maestre del Gran Oriente y del Archicanciller Cambacérès, Gran Jefe del Rito Escocés, la Masonería, consiguió sobrevivir a la caída del Imperio.
Poco antes de la segunda República, la francmasonería francesa empezó a politizarse y a encarnar los valores republicanos, implicándose en los acontecimientos de 1848. Al igual que lo hizo en 1830, la masonería participa nuevamente en la Revolución de Febrero de 1848. La mayor parte de los miembros del Gobierno provisional fueron masones y muchos ideales se inspiraron de la su filosofía, principalmente la abolición de la esclavitud y la instauración del sufragio universal.
A partir de la elección del príncipe Luis Napoleón Bonaparte en 1849, convertido en Napoleón III después del golpe de Estado del 2 de diciembre de 1851, la francmasonería fue de nuevo amenazada y vigilada, siendo colocada bajo la tutela del Príncipe Lucien Murat, impuesto como Gran Maestre. Desde enero de 1852 hasta 1860, la política napoleónica convirtió en cuarteles a las logias; obedecer o dimitir era la disyuntiva. Pero cuando Napoleón III imprimió un giro liberal, los masones eligieron para el puesto de Murat al príncipe Jerónimo Napoleón. Al cabo de una tormentosa crisis, Napoleón III expulsó a Murat y a Jerónimo, nombrando personalmente como Gran Maestre al mariscal Magnan.
          
De la Tercera República a 1940
Después de la caída de Napoleón III en 1870, la masonería se afanó en la construcción de la Tercera República. El apoyo de la Iglesia católica a los sectores más reaccionarios de la política francesa, su cerrada defensa del monopolio educativo, etc. contribuyeron a agudizar la animosidad existente entre la francmasonería y la Iglesia católica. Por decisión del Convento masónico de 1877 basándose en la proposición del pastor Desmons, en virtud del principio de libertad absoluta de conciencia, se liberó a los masones de la obligación de creer en Dios y en la inmortalidad del alma. Las logias gozarían de la libertad de invocar al Gran Arquitecto del Universo.
La Orden acogió con satisfacción la caída del régimen imperial pero la guerra de 1870-1871 fue una dura prueba para ella por el motín de la Comuna de París. Una importante minoría de masones se entusiasmó con la Comuna pero, derrotada ésta, los dignatarios de la masonería no fueron los últimos en condenar a sus hermanos comprometidos con los condenados. Mientras la suerte de la República fue incierta, los dignatarios se opusieron a la revisión del artículo primero de la Constitución relativo al Gran Arquitecto del Universo y la inmortalidad del alma. Fue sin embargo en plena campaña electoral de 1877 cuando se decidió abolir el artículo en cuestión, lo que aparejó la ruptura de relaciones que hoy persiste entre parte de la masonería francesa y las obediencias de la línea anglosajona.
Bajo la Tercera República la masonería se constituye en armazón del partido republicano: es responsable de la separación entre Iglesia y Estado.
Los masones de finales del siglo XIX fueron influenciados por el positivismo de Augusto Comte, las teorías científicas y las creencias en el progreso de la humanidad. Es revelador que el autor de La Internacional haya sido francmasón. No olvidemos que los republicanos moderados “radicales”, socialistas en su mayoría, sindicalistas y libertarios (Proudhon y Bakunín, etc.) habían sido iniciados en la masonería. Los masones de la Tercera República, ateos o creyentes, enfrentados a una iglesia reaccionaria en su mayoría, se convirtieron en acendrados anticlericales. Hombres como Jean Macé, Gambetta, Jules Ferry, Littré y Camille Pelletan promovieron la instrucción pública y laicidad. El hecho que coronó esta obra común, fue la separación de la Iglesia y del Estado en 1905. Hasta 1914 el ensanchamiento de la libertad pública (leyes sobre la prensa, ley de asociación de 1901, organización comunal, legalización del divorcio), las principales medidas de justicia social (impuesto sobre la renta, asistencia judicial) o de protección social (mutualidad, pensiones, derecho laboral), la creación de numerosas asociaciones (Liga de la Enseñanza, Liga de los Derechos Humanos, Libre Pensamiento, asociaciones de inquilinos), sindicatos o partidos, recibieron el aporte masónico.
A partir de 1893, con la Tercera República, nació la Orden Mixta del derecho Humano fundada por la feminista María Deraismes y el doctor Georges Martin, que en 1899 pasó a llamarse Orden Mixta Internacional del Derecho Humano. El Gran Oriente de Francia ha reconocido esta obediencia y mantiene relaciones con ella, lo que no sucede con la Gran Logia de Francia ni con la Gran Logia Nacional de Francia.
 
El H:. Oswald Wirth (1860-1943), colaborador de Stanislas de Guaita, y defensor de la eficacia de la vía iniciática y del estudio del  simbolismo en masonería. Autor, entre otros, de “Le symbolisme hermétique dans ses rapports avec l'Alchimie et la Franc-Maçonnerie”, “La Franc-Maçonnerie rendue intelligible à ses adeptes” en 3 tomos
         
 

 
La Gran Logia Nacional de Francia nace en 1913 con el propósito de reafirmar la creencia en el Gran Arquitecto del Universo, el valor del simbolismo y la iniciación, fuente y método de vida interior y la prohibición de tratar cuestiones políticas o religiosas en logia. Fue reconocida ese mismo año por la Gran Logia Unida de Inglaterra para quien constituye la única masonería regular existente en Francia.
 
De 1940 hasta nuestros días        
La aparición de ciertos partidos políticos, el establecimiento del panorama sindical y asociativo del siglo XX redujo la envergadura de sus misiones y mengua de sus influencias. La ley del 10 de agosto de 1940 y los decretos del Gobierno de Petain derivados de ella suprimieron la masonería. Prohibidos y disueltos, la mayoría de los masones se afiliaron a la resistencia. Así se fundó el grupo Patriam Recuperare y el Comité de Acción Masónica (C.A.M.) que montó en la clandestinidad varios talleres. De acuerdo todos en unificar a la masonería después de la Liberación. La Ocupación nazi fue una dolorosa experiencia pues el número de integrantes del Gran Oriente bajó de 29.000 a 7000. La francmasonería francesa tardó unos 40 años en recuperar el número de integrantes de la preguerra.
La masonería de la segunda mitad del siglo XX ya no es anticlerical y atea, sino que, bajo el impulso de maestros masones como Oswald Wirth, Edmond Gloton y, sobre todo, René Guenon, ha encontrado nuevamente el sentido del simbolismo y el valor pedagógico de la iniciación. Pero la masonería ha perdido el importante papel que antes desempeñaba en la política francesa. Prefiere mostrarse como lo que es, una sociedad en un segundo plano, laboratorio de reflexión y análisis tendente al perfeccionamiento de sus miembros.